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El satélite Humsat-D sigue activo después de ocho años

El satélite Humsat-D de la UVigo sigue activo ocho años después de ser lanzado

España.- El 21 de noviembre de 2013, el cohete DNPER era lanzado desde lo cosmódromo ruso de Yansy al espacio, con el satélite Humsat-D en su interior, diseñado, construido y operado por los integrantes de la Agrupación Aeroespacial de la UVigo, coordinada por los docentes e investigadores Fernando Aguado y José Antonio Villano.

El segundo cubesat que estudiantes y docentes de la UVigo lanzaban al espacio, después de la puesta en órbita de Xatcobeo el 13 de febrero de 2012, tenía prevista una vida útil de seis meses, pero finalmente operó hasta el final de su vida útil, durante casi un año.

Siete años y 44.707 órbitas a la Tierra después de la que se pensaba había sido su última transmisión, un radioaficionado captaba hace unos días una transmisión que resultó ser del satélite de la UVigo. «Hace unos días, a través de un contacto que realizó un radioaficionado mediante una red social a SpaceLab preguntando el estado de Humsat-D, pudimos confirmar que el satélite estaba activo. La señal recibida es sin duda lo de Humsat-D», confirma Aguado, que detalla que se repite dos balizas, una codificada en morse, que indica que es el cubesat de la UVigo, y que incluye el voltaje de la batería, «que parece que se encuentra a un buen nivel»; así como la temperatura del amplificador del sistema de comunicaciones.

En estos últimos días la señal de Humsat-D, que se encuentra a una altura de 615 kilómetros, fue recibido en la estación que se encuentra en la Escuela de Ingeniería de Telecomunicación de la UVigo, y también por parte de numerosos radioaficionados en todo el mundo.

Totalmente inusual

Humsat-D fue creado con el objetivo de ser el demostrador de un servicio de comunicaciones punto a punto en abierto en la banda de radioaficionados, que permitió comprobar que en pequeños satélites era posible proveer un servicio conocido hoy como Internet de las Cosas (IoT), una tecnología que, mejorada, se incluiría en los satélites Serpens y Lume de la Uvigo, y, cuya transferencia, posteriormente se realizó a la spin- off Alen Space, que actualmente se comercializa a nivel mundial.

«Recibir transmisiones ocho años después de su lanzamiento es algo totalmente inusual en este tipo de satélites», afirma categórico Fernando Aguado, que recuerda que los fallos en las misiones iniciales eran muy elevados, y entre los que funcionaban, se podía esperar una vida media entre seis meses, con algunos casos, no habituales, de operaciones durante cuatro o cinco años.

Recuperar la telemetría para saber que pasó

Una vez restablecido el contacto con Humsat-D, los integrantes de la Agrupación Aeroespacial están trabajando en la recuperación tanto del software como del hardware utilizado hace ocho años, ya que los nuevos satélites utilizan otros equipos y hace falta volver a montar una nueva estación de comando.

«Esperamos poder ponerlo en funcionamiento para no solo recibir datos de forma pasiva sino también para intentar comandar el satélite y recuperar el registro del satélite y mensajes de error que, eventualmente, habían podido darnos una pista del que sucedió justamente antes de pararse la comunicación», explica el coordinador de la Agrupación Aeroespacial de la UVigo.

«Lo que sí ayuda a tener una vida útil más larga es que Humsat-D se diseñó cuidando al máximo las baterías, que es el elemento más crítico, ya que tiene un número limitado de ciclos, que depende de cuanto se descargan en cada órbita. Recordemos que el satélite orbita aproximadamente 14 veces al día y ya orbitó más de 44.000 veces a la Tierra, y en nuestro caso, se diseñó para que se descargara menos del 15%», detalla Fernando Aguado, que advierte que en cualquier momento podría volver a perderse el contacto con Humsat-D.

En cualquier caso, las simulaciones apuntan a que aún estará en órbita, funcionando o no, durante 15 años más, cumpliendo así con la normativa internacional que exige que los satélites de órbita baja re-entren en la atmósfera y se destruyan en no más de 25 años después de finalizada su misión, evitando así que perdure la basura espacial y permitiendo el lanzamiento de nuevos satélites.

Fuente: www.elespanol.com

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